Friday, December 31, 2010

Eco Tango Charlie

"Poco me satisface aquella ciencia que no ha sabido hacer virtuosos a quienes la profesaron."
Salustio (83 AC-35 AC). Historiador latino.
Eco Tango Charlie son las letras del Alfabeto fonético internacional para decir ETC, o sea, etcétera. Y eso ha sido este año, una continuación, un etcétera.
Por eso mismo había pensado en prescindir en este final de década de la tradición que tengo en el blog de que el último post a final de año expresara opinión sobre mi entorno más inmediato. ¿Para qué iba a redundar sobre lo mismo?
Esta década ha sido el estertor del S.XX. Generalmente no se considera la primera década como referente del siglo en cuestión pues a menudo es una estela de los acontecimientos del siglo anterior.
Las crisis suelen significar una oportunidad, sí, pero no necesariamente para el cambio; también pueden ser la invitación a continuar profundizando todavía más en lo que se hacía hasta entonces... y ese ha sido el destino de la isla.
Pero la isla no es sola en medio del océano sino que todo lo que acontece fuera se refleja dentro por más que se quiera ignorar:
Recuerdo que cuando le tiraron la piedra desde la Torre del Conde (finales de los ochenta), el discurso del por entonces un más joven futuro presidente Jerónimo Saavedra, era algo así como que las islas finalmente se librarían del estigma del clientelismo y el caciquismo y el hijo del obrero podría también estudiar... es verdad, no habló entonces de qué pasaría una vez se licenciasen. Ni él pensó alguna vez decir: ''Canarias debe aceptar que sus jóvenes licenciados emigren''
Ciertamente como región hemos profundizado más aún en la brecha, en el escalón que siempre como sociedad apologista del clasismo hemos fomentado; somos punteros en España en índices de sobrecualificación, sí, pero también y en mayor número de infracualificación en formación. Y estos últimos sí que no tienen escapatoria.

El gran problema de Canarias siempre ha sido el no tener perspectiva generacional, sólo presentismo... y así nos pasó como al maguito del cuento; que se acabó comiendo la semilla. Ha sido una década perdida en la que nuestro modelo productivo, de lo que comemos, no ha cambiado, diversificado ni evolucionado de forma que ahora no hay sustrato para absorber a la siguiente generación... ni para soportar las contingencias de la presente según las perspectivas más agoreras.
Para el canario salir fuera es un estigma, y no un mérito como quieren hacernos creer desde el discurso político. Miramos con desconsuelo a los que triunfan fuera pero al mismo tiempo nos parece mal que vengan aquí a intentar cambiarnos.
Y es que somos conservadores. Ser conservador no tiene que ver con lo político, sino con un modo de vivir. Se puede tener tendencia a votar a la izquierda pero al mismo tiempo ser socialmente cautos, reservados, reacios a los cambios... eso se nota mucho más en los segmentos más jóvenes de la población. Por otra parte, después de todo, en Canarias no se vota a un partido ni a una ideología, se vota a la persona.
Quizás sea por eso, por nuestra fascinación por el héroe, por lo que creemos que la solución está en lo político, en la persona... en los foros financieros se ríen de eso, directamente lo tildan de "pensamiento antiguo". No, la solución está en la comunidad, en la fuerza colectiva y, paradójicamente, volver a lo "de antes". Nuestros padres fueron emprendedores y en su tiempo al menos había oportunidad, el trabajo redundaba en uno mismo... hoy día el trabajo es un instrumento de unos pocos para controlar a muchos. Eso es injusto. Y que será un boomerang.
Al final de todas las cosas sólo queda uno mismo, así que la decisión sobre lo que debemos hacer con nuestra vida no está en el voto, está en nosotros mismos y esa es una lección que aún no hemos aprendido.
Así pues la década que empieza en unas horas va a ser apasionante pero en el caso de las islas lo será porque nuevamente Canarias a ser ese niño pequeño que llega al colegio nuevo y conoce a los abusones veteranos del curso pasado, a los pardillos de su clase, a los instrumentalizados, quemados y finalmente resignados maestros... y al llegar a casa deja caer la mochila al suelo lamentándose de no haber tenido un hermano mayor en ese despiadado sitio que le aporte experiencia, consuelo o apoyo. Y cena con unos padres que no entienden lo que pasa de nuevo en el colegio porque en su época sólo era necesario el pizarrín y un poco de cálculo mental... mañana volverá solo a clase.
Esa ha sido nuestra tragedia; la soledad, y la singularidad, en todo lo que nos ha tocado vivir como región o como país pues también los otros compañeros de clase sienten lo mismo.