Wednesday, September 28, 2005

Architeuthis dux





Dos biólogos japoneses están provocando grandes olas en el ambiente de los estudiosos de cefalópodos. Afirman haber conseguido en el Pacífico norte las primeras imágenes en su hábitat del más famoso monstruo de las profundidades marinas, protagonista de antiguas leyendas y atacante del Nautilus en la novela 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne. Es el calamar gigante o Architeuthis, que puede llegar a medir 18 metros, todo un reto para científicos de todo el mundo. En la revista de la Royal Society del Reino Unido, Tsunemi Kubodera y Kyoichi Mori presentan hoy algunas de las más de 550 fotografías que han tomado de forma remota a lo largo de más de cuatro horas con una cámara digital a 900 metros de profundidad, cuando un calamar gigante de ocho metros acudió al reclamo de un cebo y se enganchó en él.
Este logro les situaría como ganadores de una carrera no convocada oficialmente, que en los últimos años ha hecho que las mayores organizaciones científicas y naturalistas de Estados Unidos y otros países hayan llevado a cabo caras expediciones para descubrir el calamar gigante vivo en diversos océanos, sin éxito. Entre los esfuerzos por lograr ver el Architeuthis en su hábitat natural está el de las expediciones Kraken españolas, que en 2001 y 2003 exploraron el caladera de Carrandi, una fosa situada a treinta millas al nordeste de Gijón que se sabe, con casi total certeza, que alberga estos cefalópodos. Hasta ahora sólo se han encontrado, allí y en resto del mundo, ejemplares muertos o casi muertos extraídos por los pescadores cuando recogen sus artes.
Anteriormente, entre 1996 y 1999, expediciones de Estados Unidos y de Nueva Zelanda en aguas de este último país, utilizaron vehículos submarinos operados por control remoto y cachalotes con cámaras adosadas para intentar filmar el calamar gigante. El cachalote es el principal depredador de este cefalópodo, como lo prueban los numerosos picos de calamar gigante encontrados en los estómagos de estos animales. En eso se han basado también los científicos japoneses para acotar, a lo largo de tres años, áreas donde viven los calamares, mediante la observación de las zonas donde se concentran los cachalotes entre septiembre y diciembre de cada año.
En una de estas áreas, cerca de las islas Ogasawara, es donde se ha producido la observación, en un talud muy inclinado que en ese punto tiene una profundidad de 1.200 metros. Es el único éxito de 23 intentos de observación con cámaras automáticas en poteras con cebos, explican los científicos japoneses en su artículo. La cámara empezaba a tomar imágenes hacia abajo a partir de 200 metros de profundidad, cada 30 segundos durante entre cuatro y cinco horas.
Tal como lo cuentan los biólogos japoneses, a las 9.15 del 30 de setiembre de 2004, un calamar gigante atacó uno de los cebos con cámara a 900 metros de produndidad en las coordenadas 26 grados norte, 142 grados este. Los calamares gigantes tienen ocho brazos y dos larguísimos tentáculos. El ataque consistió en rodear con los tentáculos el cebo. Uno de los tentáculos se quedó enganchado y a partir de entonces se tomaron más de 550 fotografías durante las cuatro horas siguientes, mientras el calamar luchaba por desprenderse de la potera. Al principio subió hasta los 600 metros y luego descendió hasta los 1.000. A las cuatro horas y cuarto el tentáculo se rompió y el calamar huyó. El tentáculo fue recuperado junto con el equipo de observación y los científicos japoneses hicieron un estudio de ADN sobre él y confirmaron que se trataba de un Architeuthis, del que no especifican la especie.
Eso no es raro, ya que existen demasiados pocos ejemplares estudiados en el mundo como para poder saber cuantas especies existen, explica Francisco Rocha, del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, que trabaja junto a Ángel Guerra, director científico de las expediciones Kraken. Algunos expertos creen que sólo hay tres especies en el mundo (el calamar gigante está presente en todos los océanos) y otros elevan este número a 20.
El trozo de tentáculo recuperado en este caso medía 5,5 metros y los científicos japoneses calcularon que el animal del que procedía medía en total 8 metros. Entre otras curiosidades de los calamares gigantes se puede citar que sus ojos son los mayores del reino animal (llegan hasta los 40 centímetros de diámetro) y que su carne no es comestible porque sabe fuertemente a amoníaco, ya que está impregnada de cloruro de amonio para poder controlar la profundidad de inmersión.
En el Atlántico, la especie más conocida es Architeuthis dux, de la que se han encontrado ejemplares muertos o moribundos de hasta 14 metros. Algunos de éstos se encuentran en el Aula del Mar de Luarca, de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), que dispone de una de las mayores colecciones del mundo de estos cefalópodos. Un calamar gigante es también uno de los atractivos de la exposición Con pies y cabeza en el Aquarium Finisterrae de A Coruña.
Ayer, el presidente de Cepesma, Luis Laria, que ha participado en las expediciones Kraken, se mostró escéptico sobre la primicia de los científicos japoneses. "Hay varias cosas que no concuerdan", comentó a EL PAIS. "Primero, las fotos se tomaron en septiembre de 2004 y han esperado un año para presentarlas junto al estudio científico. En una carrera como ésta, lo primero es presentar las fotos para que otro no se adelante. Además, las imágenes no parecen estar tomadas a 900 metros de profundidad, donde la oscuridad es total, ya que tienen unos tonos azules que son imposibles a esa profundidad. Por último, la disposición de los brazos y tentáculos del animal parece indicar que es un ejemplar muerto o moribundo, de los que yo mismo he visto varios".
Por estas razones, Laria cree que no se puede todavía hablar de primeras imágenes de un calamar gigante en su hábitat y que las mostradas por los científicos japoneses seguramente han sido tomadas cerca de la superficie y con un ejemplar moribundo. Es probable que las dudas de otros especialistas hayan retrasado la comunicación del hallazgo y provocado que éste no se haya publicado en alguna de las revistas científicas más importantes del mundo, lo que hubiera sido lógico dado el interés que suscita el tema.
MALEN RUIZ DE ELVIRA elpais.es

Y ahora una recopilacion de informacion adicional sobre esta noticia:

Arrastrándose sobre este mundo, lo más parecido que se puede encontrar a los horrendos animales extraterrestres que imaginamos en los cuentos —y no como los insectos y arañas, que son extraños e inquietantes pero pequeños, sino del tamaño suficiente como para tenerles miedo— son los pulpos y calamares. Éstos, junto a jibias y nautilus, son invertebrados que pertenecen al filum de los moluscos (phylum Mollusca) y dentro de él a la clase de los cefalópodos (Cephalopoda). El nombre indica que tienen sus extremidades en la cabeza, extremidades que son flexibles, hábiles, blandas pero fuertes: se les llama tentáculos. Hubo décadas enteras en que la palabra tentáculo, en un cuento, significaba que allí había un extraterrestre.

Además de los pulpos que nos comemos, el más nombrado entre los cefalópodos, cuando se habla de monstruos en el mar, es el calamar gigante, que no es un mito sino un animal existente: el Architeuthis dux. Este monstruo marino, de tamaño suficiente para dar vuelta a un barco, pertenece a la subclase Coleoideos (Coeloidea) —que tienen un solo par de branquias y una concha interna muy reducida o ausente—, al orden de los Teutoideos (Teuthida) —que poseen diez brazos y no tienen escudo protector en la zona apical de la concha (rostro)—, al suborden de los Oegópsidos (Oegopsina) —con ojo sin córnea—, y forman parte de la familia de los Architéutidos (Architeuthidae).

Hay otro decápodo gigante, que se consideraba casi mitológico hasta que fue encontrado un cadáver en la Antártida el año pasado. Forma parte de la familia de los Chirotéutidos (Chiroteuthidae). Su nombre científico es Mesonychoteuthis hamiltoni, tiene formas y características diferentes de las del Architeuthis dux y podría llegar a tamaños aún mayores que el que alcanza éste.



Les dicen gigantes. ¿Cuán gigantes llegan a ser estos invertebrados de las profundidades?

Al Architeuthis dux se le ha comprobado una longitud de 18 metros, pero se supone que puede alcanzar hasta 20 metros de longitud. Puede pesar más de 500 kilos. El otro, basándose en unos restos parciales que se encontraron en 1925 en el estómago de un cachalote, podría ser aún mayor, con 28 y aún más metros de punta a punta. Hay que tener en cuenta que muchos de estos metros están compuestos por los largos tentáculos prensiles (dos) que tienen los calamares.


Un Architeuthis dux hallado en España

Pero hay indicios de que pueden existir calamares mucho mayores que estas especies conocidas de Architeuthis y Mesonychoteuthis. Como siempre, cuando se habla de misterios, las creencias vienen en primer lugar por testimonios de marinos que dicen haberlos visto, testimonios que, por supuesto, no son valederos para los científicos. En 1903 se observó un calamar de cincuenta metros en Noruega, y en 1933 uno de veintidós en Terranova.

En ocasiones, los cachalotes moribundos vomitan el contenido de su estómago. Algunos balleneros han observado en esos casos fragmentos desmesurados de brazos de calamar.

Además, en la piel de algunos cachalotes, se han constatado enormes cicatrices de ventosas. De su diámetro, que llega a alcanzar hasta cuarenta centímetros, se puede calcular que fueron infligidas por calamares que, si pertenecen al género Architeuthis, deben tener hasta un centenar de metros de longitud. Si correspondieran a especies que poseen otras proporciones corporales, sus dimensiones podrían ser menores, pero también mayores. La cosa es que no se conoce ninguna especie de calamar que posea ventosas tan grandes como las que pueden haber dejado esas marcas.

En la costa norteamericana del Pacífico se encuentra Octopus dofleini, un pulpo que alcanza los tres metros de longitud y seis o más de envergadura (la distancia de punta a punta entre brazos opuestos). Los números no suenan tan impresionantes, pero nótese que hablamos de un animal suficientemente grande como para ser el protagonista de muchas de las películas en las que los pulpos —como monstruos de turno— devoran a la gente. Un ejemplar de este tamaño atraparía y dominaría con facilidad a un hombre.


Octopus dofleini

Es posible que en los océanos se oculten especies aún mayores. De hecho, recientemente se han filmado o fotografiado, gracias a submarinos robots y cámaras adheridas a otros animales marinos, algunas grandes especies desconocidas. Por ejemplo, un pulpo cirrado (Cirrata es un suborden de los pulpos que se caracterizan por tener aletas además de los tentáculos) de 2,5 metros de longitud, que apareció cerca de una fuente hidrotermal en el nordeste del Pacífico, a 2.500 metros de profundidad, en 1984.
Basándose en un incidente ocurrido en la costa de Angola, el naturalista francés Pierre Denis de Montfort describió y dibujó en su "Histoire naturelle des mollusques (faisant suite aux oeuvres de Buffon",1801), además del calamar gigante (al que llamó pulpo Kraken), otra especie de pulpo colosal. Fue ridiculizado por esto.
Según ciertos estudios, se propone la existencia de dos especies gigantes de pulpos, que quizás sean subespecies. Uno sería el pulpo de las Bahamas, y otro estaría en la islas Bermudas.

Podría haber un tercero, quizás, en el archipiélago de Hawaii, del lado del Pacífico.

Las Islas Bahamas tienen ciertas características que alimentan los relatos mitológicos. La llanura submarina que forma el piso de los alrededores de estas islas es de caliza, una roca sedimentaria bastante blanda, que es fácil de afectar por la erosión. Bajo esta llanura serpentean grutas cavadas durante la última glaciación, cuando el nivel del mar era más bajo y la llanura era parte de la superficie y no del fondo del mar.

A veces el techo de alguna de estas grutas submarinas se derrumba, produciendo unas formas geológicas a las que se les llama "hoyos azules" (blue holes en inglés). Alguno de estos pozos llega a tener 60 metros de profundidad. Son el equivalente submarino de las dolinas que aparecen en la superficie y son comunes en las Bahamas. En México (Yucatán), por ejemplo, a estas fosas profundas en la superficie terrestre, producidas por el derrumbe del techo de una caverna, se las llama cenotes.

Un lugar así es perfecto para los pulpos huidizos que gustan de las cuevas, y suficientemente amplio aunque se trate de unos de tamaño gigante. Se debe mencionar que, sumándose a otras tantas coincidencias de este autor con una realidad que aún no se conocía, es en esta misma región de los mares donde Julio Verne situó el combate de la tripulación del Nautilus con el pulpo gigante de su novela.

Ahora ubiquémonos en el paisaje. Donde más hoyos azules hay es en las cercanías de las isla de Andros (en Bahamas, no confundir con la de Grecia) y una de sus vecinas, Caicos. En esos lugares las actividades principales, además del turismo, son la agricultura y la pesca. Los pescadores del lugar tienen una creencia: en los hoyos azules se esconde un enorme monstruo marino al que llaman "Lusca". Este monstruo marino posee, según ellos, incontables brazos y un apetito voraz. Dicen que arranca a los marineros de los barcos con sus tentáculos y los arrastra a las profundidades para devorarlos.

Algunos analistas creen que el Lusca no es más que la personificación de un fenómeno natural, como otras tantas en diversas culturas, que representa las corrientes y remolinos que se producen en los hoyos azules, capaces de arrastrar a una persona e incluso a una embarcación. Los pescadores, sin embargo, le dan más entidad a Lusca, y procuran no acercarse nunca de noche a las temibles fosas. Ellos saben que existen testigos y creen que hasta existen pruebas materiales de que hay algo allí.

En las Bahamas al pulpo se le llama scuttle. Lo curioso es que esta palabra, que se supone derivada del inglés cuttlefish (el nombre anglosajón de la sepia, otro cefalópodo, parecido a los pulpos), también significa "echar a pique".

De los testimonios recogidos de pescadores, marineros, submarinistas (entre ellos el célebre Cousteau) y hasta científicos que se vienen registrando en la región desde el siglo 19, surgiría que Lusca es un monstruoso pulpo con un cuerpo de seis metros de largo y nueve de diámetro. Sus brazos extendidos tendrían hasta veinte metros de longitud. El peso de este monstruo estaría en las veinte toneladas.

Parece difícil que los tentáculos de Lusca sean peludos, como dicen algunos testimonios —la leyenda le llama "el de los brazos peludos"—, ya que esto no es común ni útil evolutivamente en animales de este tipo. Pero el aspecto observado podría ser el de una piel con camuflaje que imite, por ejemplo, ciertos rincones muy poblados de los arrecifes, donde se yerguen algas, anémonas y cantidades de pólipos de diferentes texturas cuasi-vegetales.

Estos brazos serían de unos treinta centímetros de grosor y no tendrían ventosas en toda su extensión, sino en los extremos. El color de la piel sería pardusco, aunque el animal podría cambiarlo como lo hacen otros cefalópodos. Es posible que esté dotado de órganos luminiscentes.

Se descarta que este monstruo de las Bahamas, si existe, se trate de un calamar gigante (decápodo) ya que, como dijimos, éstos tienen una estructura corporal diferente que les imposibilita izarse a la cubierta de los barcos, algo que sí puede hacer un octópodo. Los pulpos pueden moverse fuera del agua —incluso se ha visto algunos trepándose a los árboles—, mientras que los calamares, con un cuerpo alargado y más rígido, adaptado a la natación veloz y la caza depredatoria a la carrera que efectúan con sus tentáculos contráctiles (más largos que el resto y prensiles), quedan inermes y aplastados cuando se los encuentra varados en una playa.

En las Bermudas, archipiélago volcánico rodeado de fondos oceánicos profundos, también se han recogido diversos testimonios que señalan la existencia de un animal parecido al Lusca.

En 1969, dos submarinistas observaron una especie de pulpo o medusa pulsátil de quince metros de diámetro y entre veinte y treinta de longitud.

En 1984, John P. Ingham, un pescador de crustáceos, perdió dos nasas (trampas enrejadas que se usan para atrapar con cebos) de varios metros cúbicos llenas de cangrejos del género Geryon, a unos novecientos metros de profundidad. Poco después, estuvo a punto de perder una tercera nasa: un gran animal, que el sonar identificó como una masa piramidal de 15 metros de altura, remolcó el barco, que tenía 15 metros de eslora, durante varios cientos de metros a dos kilómetros por hora.

En 1985, el mismo pescador observó un pulpo gigante agarrado a una de sus nasas y le pudo cortar un fragmento de veinte kilos de su carne, de consistencia gelatinosa.

Se trata seguramente de un animal diferente del Lusca, puesto que el hábitat también es diferente. Las Bermudas se encuentran separadas de las Bahamas por la llanura abisal de Hatteras, de más de cuatro mil metros de profundidad, una barrera infranqueable para los animales bentónicos como los pulpos.

Se ha propuesto para esta especie el nombre de Geryonoctopus inghami.

Tanto el aspecto gelatinoso como el movimiento pulsátil que se han observado son comunes en varias familias de pulpos.



El Pacífico también tiene sus mitos. El pulpo gigante es un monstruo bastante común en el folklore de las islas del Pacífico: Hawaii, las islas Cook...

Hawaii, como las Bermudas, es un archipiélago de origen volcánico, rodeado de aguas profundas.

Se han publicado dos testimonios de avistamientos de pulpos gigantes en el archipiélago hawaiano en los años cincuenta. Según las descripciones, los brazos, de más de veinte metros de longitud, estaban cubiertos de grandes ventosas, lo que puede indicar que se trata de pulpos incirrados, a diferencia del pulpo gigante de las Bahamas.

Además, los lugares donde se observaron los pulpos son semejantes: en los dos casos se trataba de zonas poco profundas cercanas a lugares de anidamiento de tortugas marinas.

Desde entonces, no se ha vuelto a tener noticias.

No obstante, los calamares han sido las estrellas de los mitos del mar.

En 1555, el naturalista francés Pierre Belon (1517-1564) describió, en su obra "Nature et diversité des poissons avec leurs pourtraicts représentez au plus près du naturel", un monstruo marino que se veía similar al aspecto de un monje y que parece, de acuerdo con las ilustraciones, una interpretación naïf de los restos del calamar gigante. Guillaume Rondelet (1507-1566), precursor de la ictiología con su obra "Histoire entière des Poissons" (1588), bautizó al animal con el nombre de Monachus marinus.

Para esa época los marinos ya hablaban del Kraken, "la isla viva", un ser monstruoso de la mitología escandinava. En el relato verbal transmitido por generaciones, es un animal de tamaño fabuloso que se deja ver rara vez en la superficie del mar. Pero si aparece, sólo se ve una pequeña parte de su gigantesco cuerpo, que llegaría a tener dos kilómetros de extensión.

En una época en que los naturalistas se movían en barco para conocer el mundo, algunos de ellos se interesaron, más teniendo en cuenta que desde el siglo 16 se venían recogiendo y conservando algunos picos y tentáculos enormes. El viajero italiano Francesco Negri (1624-1698), en su obra póstuma "Viaggio settentrionale" (1700), y el obispo noruego Eric Ludvigsen Pontoppidan (1698-1764), en el segundo volumen de Natural History of Norway (Historia Natural de Noruega, 1753), describieron este animal.

Armado de gruesos tentáculos, este animal mitológico era tan temible que de él se decía "...puede agarrar al más grande navío de guerra, arrastrarlo a los abismos y acabar con su tripulación". Según estos mismos escritos, el Kraken se alimenta durante largos periodos de tiempo, tras lo cual descansa, excretando sus heces, que despiden un olor tan agradable que atraen a su alrededor a todos los peces del área donde descansa. Cuando el animal se despierta, a su alrededor hay una gran concentración de peces atraídos por esas heces. Entonces el Kraken abre sus fauces y los devora a todos, iniciando un nuevo ciclo de comida y descanso.
Temido por los marineros noruegos y finlandeses, el Kraken fue representado como un calamar en ocasiones y como un pulpo en otras; en ambos casos aparece siempre en actitud agresiva, agarrando a los navíos en busca de sus desesperadas tripulaciones.

En cuanto al significado de la palabra noruega "Kraken", hay diferentes teorías entre los lingüistas. La versión más aceptada sostiene que significa "árbol desraizado" (uprooted tree) por la similitud entre un calamar gigante y un árbol con las raíces al aire. Otros, como el lingüista y biólogo noruego Jan Haugum, sostienen que es una palabra que apareció por primera vez en la mencionada Historia Natural de Noruega de Erik Pontoppidan, en la que significaba "Monstruo marino".

En su "Histoire naturelle des mollusques (faisant suite aux oeuvres de Buffon)" (1801), el naturalista francés Pierre Denis de Montfort identificó al gigante del mar con un inmenso pulpo, al que denominó pulpo kraken.

En 1849, el zoólogo danés Johannes Japetus Smith Steenstrup (1813-1897) propuso la existencia de un enorme calamar desconocido y, por fin, en 1857, publicó la descripción científica del calamar gigante del Atlántico, al que bautizó con el nombre de Architheutis dux. Sin embargo, la mayoría de los zoólogos continuaron negando su existencia hasta finales del siglo XIX.

En abril del 2003, se obtuvo un calamar de la especie Mesonychoteuthis hamiltoni, al que han llamado "calamar colosal" para diferenciarlo del "calamar gigante" (Architeuthis dux). Esto fue en el Mar de Ross, parte de las aguas antárticas, y se trató del primer ejemplar de un M. hamiltoni que se ha recuperado intacto de la superficie del océano. El calamar estaba comiendo merluza negra, un pez que crece hasta dos metros de longitud, cuando fue capturado. Ya estaba muerto al ser subido a la embarcación y ahora se halla en el Museo Nacional de Nueva Zelanda.

El Dr Steve O'Shea, experto en calamares de la Auckland University of Technology, explicó que todo lo que se sabía de estos animales es que viven en el entorno abisal de la Antártida. Se sabe ahora que es capaz de subir hasta la superficie a través de la enorme columna de agua y que alcanza un tamaño espectacular.

El Mesonychoteuthis hamiltoni fue identificado por primera vez en 1925, luego de que se hallaron dos tentáculos en el estómago de un cachalote.

Sólo se han obtenido seis especímenes de este calamar: este animal completo y cinco tentáculos que se sacaron de los estómagos de cachalotes atrapados por redes de arrastre a profundidades de 2.000 a 2.200 metros.

El doctor O’Shea dijo: "Ahora podemos decir que alcanza un tamaño mayor que el del calamar gigante, que ya no es el calamar más grande que hay. Hemos obtenido algo que es mayor, y no sólo algo más grande, sino de un orden de magnitud mayor."

Este calamar tiene uno de los picos más grandes que se conocen en los calamares, y también posee unos ganchos únicos, que giran sobre un eje, en las mazas de los extremos de sus tentáculos.

Este calamar es veloz y más agresivo que el calamar gigante. Caza haciendo resplandecer sus ojos a fin de ver los brillos que desprenden sus presas.

El manto de este espécimen tenía 2,5 metros, y se estima que este tamaño es sólo la mitad de lo que puede crecer. Los tentáculos, más que nada los prensiles, se extienden mucho más, lo que hace tan grande la longitud total del animal.