Monday, October 31, 2005

Cuchi, cuchi, Leonor


Es curioso, recordaré este día no sólo por la efeméride del nacimiento de la Infanta Leonor sino además porque hoy firmé mi primer contrato laboral en España. Antes había pertenecido a esa negra estadística de el aeconomía sumergida o a los expatriados.
Dos cosas son memorables de este día; el atraganto ante tanto pastel rosa y el atosigamiento mediático con tantos clones televisivos, llenos todos ellos de infumables peroratas y parabienes que, más de uno, sonó a vacuo.
Compadezco al señor Albéniz, un periodista, creo , que edita un blog sobre televisión para El Mundo; habitualmente suele hacer comentarios bastante ácidos... de esta va atener que tomarse antiácido me temo.
Sea bienvenida a este mundo ese pizquito chico de nena, al igual que los otros cientos que nacen cada día.
Nuevamente el divertido teatro parlamentario español ha quedado, cómo no, teatralmente impactado... no precisamente ante la belleza del sexo femenino sino ante el tremendo lío que se avecina. Una disputa política de amplio calado de la que todos querrán sacar tajada pues va a ser que sí, que hay que reformar nada menos que las Tablas de la Ley, o sea, la Constitución de 1978 que aunque no esté en piedra, pétreamente defendida y mimada por rocallosos personajes, hace de la reforma casi un asunto de martillo pilón intentando desmenuzar un azucarillo. Ahí es nada.
Con toda esa paja casi poética quiero decir que no es para tanto. Lo importante aquí era Leonor y se han liado a asar el cochino del muermo constitucional sin haberlo siquiera matado.
Leonor, bienvenida a este mundo. Que seas muy feliz, siempre estés muy bien acompañada y tengas una experiencia plena. Lleva a tu país, que te querrá mucho, por buena senda. Lo demás, Leonor, poco o nada importa.