Saturday, August 16, 2008

Morir

Agraciado hasta en la vejez con la suerte de un suave declive físico que no ha apagado el hipnótico brillo de sus ojos azules y una envidiable lucidez que le ha permitido hasta el último momento disfrutar del precioso regalo de la dignidad.
Paul Newman fascinaba a una profesora que tenía en una asignatura que se llamaba Memoria. Siempre lo ponía como ejemplo de "activación emocional del recuerdo"... y recordaba su interpretación en La gata sobre el tejado de zinc al tiempo que confesaba que una vez vio pasar a su propio marido por la cola de un aeropuerto y no lo reconoció entre tanta gente pero seguro que a Paul sí.
Quizás por mi gusto particular en el cine yo donde más lo recuerdo es interpretando el papel de héroe en El día del fin del mundo vestido con su polo negro, su bronceado lustroso, los sempiternos ojos azules y como corresponde a los héroes su arrollador ascendente para salvar a los supervivientes de la colosal erupción volcánica.
Encarnó papeles de perdedor (El buscavidas) ,de hampón redimido (El color del dinero) ... hasta de técnico vencido y sucumbiendo por inútiles pretensiones de sus superiores (El coloso en llamas).
Pero su vida fue, y será, más intensa que cualquier película; los comienzos difíciles que forjan a la persona, la belleza regalada por natura que puede ser impulso o ruina en tu vida si no se tiene control a partes iguales, el dolor de perder a un hijo o la culminación de todo nuestro camino vital, el humanitarismo y su doblez moral; alabada y criticada al tiempo, la buena cocina o sólo saber vestir una ensalada con la salsa adecuada, los coches de carreras o la satisfacción del continuo reto, el haber visto el paso del tiempo, de los mitos, de las tendencias, el haber apreciado tantas cosas que existen y haber consolado la existencia de los que se han resignado a sólo apreciar unas pocas, las más cercanas, trayéndoles hasta sus ojos los sueños de ser o estar que todos hemos anhelado.
Ahora encarna el más importante; el de digno moribundo. Aunque su enfermedad ha impuesto su ley, seguramente un dolor atroz, le ha concedido la gracia de poder elegir el final de la historia.
La muerte no es algo que me resulte ajeno. Debiera siempre ser digna e íntima aunque después los honores sean públicos. No podemos elegir siempre cómo será pero si podemos elegirla no debiéramos tener miedo a hacerlo. Después de todo es una de las pocas cosas en las que somos los únicos protagonistas.
Buen viaje, Paul. Ha sido un lujo tenerte entre nosotros.