Tuesday, September 25, 2007

Puedo prometer

Está el hoy abierto al mañana.
Mañana, al infinito.
Hombres de España: ni el pasado ha muerto
ni está el mañana,
ni el ayer escrito.
(Antonio Machado)


[ Cita de Adolfo Suárez en su discurso de investidura]


“Tenemos que elevar a la categoría de norma lo que a nivel de calle es normal”


”Nosotros haremos la democracia para los españoles. Y vamos a asombrarles a ustedes”.

“No tengo ningún apego al poder, si el partido quiere que me vaya, me voy”.

“Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en el Gobierno”(…) “No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España”.


El pasado 21 de septiembre fue el Día Mundial del Alzheimer ... una mirada atrás, al período de la Transición Española, es un delicioso recuerdo, aunque seguramente sobresaltado trago, para los que eran conscientes de vivirlo.

Era otro tiempo en que sucedieron acontecimientos de una trascendencia sin par. Sólo queda el blanco y negro de un tiempo en que el departamento de protocolo en las instituciones era casi testimonial, es decir, antes de que la foto valiese más que la conversación.
Era un tiempo de rumbo incierto en el que eran posibles los retos y las ilusiones sin artificios de calculado oportunismo y estrategia. No cabían en un proyecto común.
Fue la época de los valores como estandarte de calidad; cuando dimitir no era lo mismo que decir "me vencieron" ni nadie se ocultaba en su profesión para disimular sus carencias personales ni en la profesión de los otros para reclamar mayor atención.

Después vino la madurez: Los colores se tornan más intensos pero los días son menos luminosos y más cortos... es lo primero que notamos al dejar la infancia. Así también le pasó a España.
La madurez es un periodo siempre ingrato; uno desea llegar a la edad de poder tener identidad propia, conocer el sentido y atractivo que tiene el cuerpo ajeno y quizás llegar a hacer algo que nos trascienda.Aunque llegamos a conocerlo después de todo... ¿y ya está?

Es tan inútil hablar de futuribles como de pasados hipotéticos. También después de todo los muertos, ni los desmemoriados, hablan.

Todas estas pinceladas en la historia las vivió Adolfo Suárez como primer presidente de la etapa democrática. Como pincelada de la efímera memoria mi madre le dió la mano en Valle Gran Rey en su histórico viaje de 1978 a Canarias... en aquel tiempo personalmente aún no me había descolgado del cielo para escacharme como un cristal al llegar aquí abajo.
La memoria trasciende más allá de las maledicencias, aunque estén escritas en lujosos volúmenes. La prueba es que mi madre aún recuerda aquella chispa inteligente en el apretón de manos, en aquella isla perdida entonces. Me lo contó a mí con emocionado recuerdo. Y los posibles lectores lo leerán.

El señor de la foto color sepia es Alois Alzheimer.