Tuesday, September 08, 2009

Efecto Mateo

Dos cosas me fascinan; la verdad y el futuro. La verdad entendida como la contraposición a la mentira y no verdades absolutas; nuestra fascinación como especie por el engaño, por deificar la mentira como justificación a cómo son las cosas.

Una muestra de eso es el Efecto Mateo. En la biblia hay dos parábolas en el Nuevo Testamento cuyo mensaje a veces parece contradictorio; la de los Talentos (Mateo 25; 14-30) y la del Hijo Pródigo (Lucas 15; 1-3)... se contraponen cuando se piensa en el concepto de ayudar al otro.

El efecto Mateo es un concepto originado en la Sociología que luego ha tenido eco en campos de la Psicología y la Educación. En origen básicamente es el conocido efecto de creer más al gurú de turno sobre una materia dada en preferencia a cualquier otra persona nueva o menos conocida que proponga lo mismo. Se da mucho en la investigación donde las revistas científicas obvían el Principio de No Autoridad y sólo publican a autores reconocidos... o en un entorno insular como es en el que escribo creer que los de Tenerife o Gran Canaria saben más y son mejores en sus campos profesionales que los de islas menores aún habiendo estudiado todos en las mismas universidades.
Keith Stanovich amplió este concepto al mundo educativo al concluir en sus investigaciones que tenía más probabilidad de seguir estudiando un alumno con éxito temprano en el colegio que no uno con fracaso desde el principio pues desde el principio se premia y se anima a los mejores y se va dejando atrás al resto.
Posteriormente Mateo se volvió universal; se hizo Economía. Fue así cuando se le relacionó con el conocido como Índice de Pareto cuya fórmula establece la regla 80/20, es decir, en muchas sociedades la distribución de la riqueza se distribuye con un 20% de la población que acumula el 80% de la riqueza, en una empresa muy a menudo sólo el 20% de su plantilla aporta el 80% de sus ganancias ( con lo cual no quiere decir que hayan ocho vagos y dos mirando sino que por su posición en la toma de decisiones gestionan el trabajo de los otros sólo dos), y también pasa con los clientes; el 80% de los beneficios los da sólo un 20% de los clientes.
Estos datos no se explicaban desde la estricta lógica empresarial pues no son eficientes... ocurre que como personas premiamos más a los que salen en la foto. Y así pasó en esta recesión; se premiaba socialmente el éxito rápido, se envidiaba al que emergía y se quería ser como él pero no se veían las deudas que esas inversiones generaban. En cierto sentido todos invirtieron sus talentos y ninguno enterró al menos la mitad en la tierra porque querían congraciarse con su nuevo amo, la envidia.
Ahora como hijos pródigos atraídos antaño por la vida licenciosa volvemos andrajosos a la casa del Padre Estado, o Madre Familia en el caso de España, pero en esta ocasión no nos espera un rencoroso hermano mayor ni un padre comprensivo sino un gran vacío pues en el camino de la envidia éramos todos hijos únicos y al haber abandonado la granja la tierra se ha asilvestrado y se debe empezar de nuevo con una vieja lección; no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Queremos aprender de esta recesión sin cambiar nada, ni nosotros mucho menos, y eso no puede ser.
Como siempre será la realidad la que nos lea la cartilla y no los gurús renacidos.