Saturday, September 19, 2009

Mongolia

En aquel tiempo, hace ya casi dos décadas, mi amiga Marion hablaba de un sueño que algún día haría; viajar a Mongolia.
El primer recuerdo que tengo de Mongolia fue un viejo pasaporte de mi padre, de los tiempos franquistas, en el que había al final una coletilla que venía a decir que ese pasaporte no era válido para viajar a algunos países, entre ellos Israel o Mongolia. Después a mediados de los noventa del siglo pasado pregunté una vez en clase por ese país y me lo describieron con un "¿ir ahí para qué?, eso es un aburrimiento".
Lo cierto es que  Mongolia puede resultar una experiencia fascinante; la amplia estepa, el mar de tierra, donde la soledad te hace encontrarte contigo mismo. Un lugar tan alejado de todo que hasta hace falta subir a una colina y además a la grupa del caballo a ver si tu teléfono móvil coge cobertura.
Es un lugar tan aparte que a Marion sus guías le preguntaron si en su país la luna también se veía.
Marion adoptó, mejor dicho, lo cambió por una mochila y otras cosas un camello bactriano, ella cree que era hembra y lo llamó Luz de Luna. Con Luz de Luna se adentró en la estepa y viajó durante varios días y varias noches bajo la rudeza del clima estepario.
Compartió casa con una familia mongola; la costumbre allí es no cortarles el pelo a los niños hasta que no cumplen los cinco años de forma que en la foto lo que se se ve es a un niño. Están dentro de una yurta o cabaña nómada mongola. Consiste en un anillo circular con el fuego del hogar en el centro. Actualmente todavía es muy común la vida nómada durante todo el año en aquel país siguiendo los ciclos estacionales para buscar pastos al ganado; caballos, yaks y camellos bactrianos sobre todo.
Para Marion debió ser un logro personal completar el viaje, su sueño, compartir la mentalidad nómada durante esos días debió ser una experiencia impactante en su vida y pensaría en ella mientras volvía a recordar el maravilloso lujo de una ducha caliente.