Saturday, April 24, 2010

Florida lápida

"-Mi casa está en Clavo."
Clavo es la colina a cuyas faldas está el cementerio... esta frase la dijo un anciano ya más preocupado por esa última mudanza que por reparar el techo de la casa en que vivía tras las últimas lluvias. Total, los hijos quedarían atrás para hacerlo.
Desde luego no me agrada ir a funerales, pienso que es un dolor que debe vivirse en la intimidad y hasta me da un poco de vergüenza dar el pésame porque temo estar molestando. Sin embargo la visita al cementerio, la última caja, la última casa es a la vez un descubrimiento y un reencuentro.
Los recuerdos por los idos se agolpan y descubres el paso del tiempo según se van llenando los nichos... e intento adivinar cual será el mio.
El otro día asistí a un funeral en otro municipio y luego, en la celebración de la vida o sea, tomando el café en el bar uno de los parroquianos criticaba con saña la última moda de los cementerios gomeros; las lápidas serigrafiadas con láser, en ellas la familia puede serigrafiar cualquier fotografía. La mayor parte de las veces se trata de la cara del difunto en mejores momentos, así que uno ve al finado sonriendo o puede incluso que nos brinde un whisky desde la foto, o bien algo querido para el sujeto como así una lápida en la que está el pajar donde el muerto pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus cabras o bien una foto del coche tuneado que en vida mimó el propietario.
Personalmente las lápidas de este tipo más conmovedoras son las infantiles, de vivos colores y emotivos mensajes de despedida. Uno mira en perspectiva las lápidas de estos nichos y constituyen un mosaico colorista de la sociedad de nuestro tiempo.
 Reflejan la preponderancia actual de lo visual, lo gráfico, sobre lo escrito. En el pasado lo más común era un epitafio ingenioso sobre la lápida, y para los muy ricos en dinero o aprecio popular, una escultura... aunque después de muertos parece que todos merecemos unas palabras, aunque sean de dudoso elogio.
En la isla los epitafios son casi ausentes, sólo los lacónicos mensajes de amor y recuerdo de los seres queridos. También es que antes la muerte se dejaba para los vivos; eran los familiares quiénes escribían o no sobre el finado... ahora es el vivo quien prepara y personaliza su despedida. En cierto sentido nuestra cultura de la muerte ha cambiado.