Sunday, September 04, 2011

La Generación del Silencio

La Generación del Silencio es un convencionalismo sociológico occidental para agrupar a los nacidos entre 1923 y 1946 que se corresponden con, curiosamente, dos hechos económicos trascendentales; la Recesión tras el Crack de 1929, y el fin de la II Guerra Mundial.
Convencionalmente también se considera que se produce un cambio generacional en nuestra especie cada 20 años aproximadamente, cuando los hijos de la generación anterior alcanzan la adultez y capacidad reproductiva. Tal vez sea por eso o por casualidad histórica que los eventos culturales, sociológicos, económicos o de cualquier otra índole humana se pueden enmarcar y caracterizar según cada generación. Sin embargo los relevos generacionales se producen sólo cada dos generaciones, de forma que en un siglo sólo hay dos cambios en los planteamientos y organización social planetaria.
Por supuesto que hay muchas salvedades a esta generalización, por ejemplo en España la Generación del Silencio se confunde con la truncada por la Guerra Civil y posguerra... sólo tal vez que siguen siendo silenciosos.
Son silenciosos porque no tenían historia individual, tendemos a pensar en ellos como "los que estuvieron en la Guerra", "los del Crack del 29", "las de las medias de nylon"... siempre en plural. Pocas, pero señeras, individualidades... resulta curioso saber que la generación anterior a ellos se llamó la Generación Grandiosa (1916-1925). Tan grandiosa como un rascacielos de ladrillo por lo visto.
Son también los que se están muriendo ahora. En silencio también. Siempre hay tiempo o se puede dejar para más adelante el hablar de los que mueren... los que no hablan pasan desapercibidos y sólo se les recuerda como buenos invitados.
Para los que creen en que la vida es un ciclo repetitivo, estamos al borde de otra recesión... de otra etapa de silencio. Otra etapa de masas en blanco y negro o bien mensajes enlatados en el ciberespacio de una también masa anónima y quejumbrosa, mimosa, desencantada, pero sobre todo perdida y asustada como un niño en su primer día de colegio.
Cuando ya no queda nada es cuando nos miramos a nosotros mismos.